¡Cómo ha cambiado el cuento!
Seguramente os sepáis el chiste.
Va Caperucita Roja por el bosque y el Lobo Feroz le sale al encuentro.
-¿Dónde vas, Caperucita? -le interpela, con voz melosa e hipócrita.
-¡A lavarme el chichi al río! ¿Passsa algo?
Y el lobo, cabizbajo y con las orejas gachas, se aleja de esa parte del bosque mientras reflexiona:
-¡Joder! ¡Cómo ha cambiado el cuento!
Reconozcámoslo: los niños ya no son lo que eran. Desde que Shin Chan les enseñó a enseñar la trompa, enseñar el culito culito y a pergeñar chistes procaces sobre los pimientos, no cabe la menor duda de que la infancia se ha picardeado notablemente. Y ahora, con la asignatura ésa de Educación para la Ciudadanía, a saber qué nuevos horrores nos deparará la educación de nuestros bebés. El futuro, en resumen.
Así pues: a nuevos tiempos, nuevos cuentos.
Por ejemplo, este que he encontrado navegando por Internet:
Va Caperucita Roja por el bosque y el Lobo Feroz le sale al encuentro.
-¿Dónde vas, Caperucita? -le interpela, con voz melosa e hipócrita.
-¡A lavarme el chichi al río! ¿Passsa algo?
Y el lobo, cabizbajo y con las orejas gachas, se aleja de esa parte del bosque mientras reflexiona:
-¡Joder! ¡Cómo ha cambiado el cuento!
Reconozcámoslo: los niños ya no son lo que eran. Desde que Shin Chan les enseñó a enseñar la trompa, enseñar el culito culito y a pergeñar chistes procaces sobre los pimientos, no cabe la menor duda de que la infancia se ha picardeado notablemente. Y ahora, con la asignatura ésa de Educación para la Ciudadanía, a saber qué nuevos horrores nos deparará la educación de nuestros bebés. El futuro, en resumen.
Así pues: a nuevos tiempos, nuevos cuentos.
Por ejemplo, este que he encontrado navegando por Internet:




Ahí va, que es un fake. Se trata de un reto para lectores del blog, que suelen jugar con sus conocimientos de Photoshop para elaborar portadas imposibles de libros improbables. Hay que reconocer que algunas de ellas son fantásticas, y que captan a la perfección el espíritu de sus modelos, con lo que elevan la parodia a la categoría de arte. Una especie de Forrest Gumps de la ilustración infantil: a través de estas portadas, prácticamente podemos seguir la historia de los diseños de cubiertas de libros infantiles, desde principios del siglo XX hasta la actualidad.
El premio de los lectores recayó en esta escena del, por otro lado, presente por partida doble osito Winnie de Pooh. Bien mirado, resulta hasta enfermizo. Pero uno no puede dejar de especular con curiosidad sobre qué podría encontrar si el libro existiera realmente...

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